Es agosto y me he regalado un nuevo retiro con Rocío Océano en los montes de El Bierzo.
Venía sin espectativas, sin algo claro a trabajar, mi idea era descansar, dormir, comer la comida rica que prepara Rocío y tener tiempo para leer, pero sus retiros tienen un propósito y es facilitar que reconectes contigo misma, con tu cuerpo y con todo lo que ocurre en él. Sus herramientas son el cuidado, la presencia y el sonido.
Ya nos conocemos, de hecho mi primer retiro fue con ella hace 11 años, y además he tomado terapia con ella. Ella sabe que me cuesta un montón rendirme, dejar de pelearme conmigo misma, dejarme cuidar pero sobre todo conectar con lo que SIENTO y no tanto con lo que PIENSO.
Ella con honestidad y una franqueza amorosa me ha mostrado que mi mayor desafio es dejar de intelectualizar todo aquello que me pasa y bajarlo al cuerpo para sentirlo, pues es en el cuerpo donde ocurre la alquimia y desde donde se puede integrar.
Tengo la costumbre de querer entender lo que me pasa para en el fondo no sentirlo, no experimentarlo en las tripas. Tengo la sensación que si me dejo sentir todo lo que he vivido, no voy a poder salir de ahí.
Imagino mi dolor como un mar embravecido, con olas enormes que me golpean, mientras yo intento mantenerme a flote. Quizás la mejor opción sea dejar de luchar y dejarme ir, con la esperanza y la fe de que el mar me devuelva a la playa sana y salva pero me da un miedo horrible rendirme, ¿y si me ahogo? ¿y si voy a parar al fondo y luego no puedo volver a la superficie? ¿y si me deja en otra playa que no reconozco? ¿y si vuelvo y no me reconozco, me querrán igual?.
Y todo esto se abre ahora porque mi momento vital, la perimenopausia me lo exige y me lo regala a partes iguales. Me empuja a que suelte el personaje que me ha mantenida hasta ahora para atravesar el dolor y surgir como soy realmente y sin disfraces.
Atravesar un dolor inmenso porque es la suma de muchos dolores no resueltos. El dolor de dejar de ser hija única, el dolor de la traición de una amiga, el dolor del bullying sufrido, el dolor del rechazo por no ser lo que esperaban de mi, el dolor de la crianza de mi hijo, el dolor de la traición del hombre, el dolor del dolor.
Hay tanto que no se por donde empezar. La consigna de Rocío es que me ablande, que mueva el cuerpo, que lo chequee para hacerme consciente de lo que allí ocurre y simplemente SIENTA.
A veces me pregunto, como no desde la mente, como he podido lidiar con todo este dolor y la respuesta es fácil, a través del ENFADO. El enfado es la capa más superficial del dolor y estar ahí me ha mantenido alejada de él, para poder seguir siendo funcional en un mundo que no quiere que sientas que solo quiere que produzcas.
Llevo años enfadada con el mundo, sientiendo una rabia que me come por dentro y aunque mi cuerpo me daba toques de atención no quería verlos para no hacerme cargo de mi y mi dolor. Pero no siempre ha sido así. Aunque no recuerdo mucho de mi infancia, si tengo memoria corporal de que de niña en mi cuerpo sentía cosas muy intensas que no sabia explicar. Sentí miedo, dolor, rechazo, alegría pero en un momento la vergüenza lo cubrió todo. Apareció el mandato de "esto que sientes no esta bien, eres demasiado emocional, eres una exagerada" así que me desconecté de mi brújula corporal para cumplir la consigna y encajar.
Hoy voy en busca de esa brújula maravillosa, de ese superpoder que confundí con debilidad, con honestidad, dispuesta a atravesar el dolor y sobrevivir.
Gracias Rocío por tu acompañamiento, tus francas palabras, pero sobre todo por hacerme sentir.
